Emilia Vicente

Emilia Vicente

 

Es una ancestra viviente que camina de la mano por la vida, con mucha gente, de todas las edades, de todos los sectores, de todos los montes, llanos y laderas. No hay ríos, mares o montañas que detengan su paso, que avanza, no se detiene, aunque tome días, meses, años y años para llegar y acompañar a las mujeres, estén donde estén.

Ella es incansable, perseverante, insistente, creativa, tiene una visión distinta de Dios, de la Virgen, de los santos, de los curas, de las iglesias y de la fe… ella es una transgresora de los fundamentalismos, y es precisamente su clase de fe, la que me ha hecho admirarla, acompañarla y rendirle tributo.

Esta monja feminista, puso a la iglesia en una provincia del país en la picota, y organizó un movimiento de mujeres tan grande y fuerte, que pervive aún sin ella, bebiendo de sus enseñanzas e impulsos, siendo hoy las contestatarias campesinas más preclaras, creativas y valerosas. Ciento de feministas desperdigadas como semillas por esos rumbos inciertos, muchas de ellas iletradas, descalzas y madres de docenas de hijas e hijos, pero todas ellas sabedoras de su valor como mujer, de su capacidad de incidir y transformar, y como Emilia siguen sembrando.

Mi ancestra Emilia me ha enseñado a ser capaz de tender un puente de comunicación claro y sin baches, entre iguales, con mis hermanas campesinas e indígenas, escuchar lo que dicen, no lo que pienso, entender sus deseos no mis anhelos, respetar su dignidad y reconocer cada una de sus capacidades, habilidades y destrezas. Emilia me abrió un mundo de conocimientos, relaciones y futuro inagotable, inolvidable, inclaudicable.

~ Luz Aleyda Terán

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